En Morelos la justicia avanza al paso de la desesperanza. Un tribunal de enjuiciamiento en Cuautla decidió anular el juicio oral que llevaba más de dos años en marcha en contra de seis personas acusadas por el delito de secuestro.
La causa: la suspensión de la Jueza Katy Lorena Becerra Arroyo, tercera integrante del tribunal, ordenada por la Junta de Administración, Vigilancia y Disciplina del Tribunal Superior de Justicia del Estado de Morelos.
La decisión se anunció la tarde del pasado martes 19 de agosto, en la Sala 1 de la Ciudad Judicial de Cuautla, por los jueces Job López Maldonado y Verónica Rosas Martínez.
Con pocas palabras informaron que todo el proceso debía reiniciarse desde cero, con un nuevo tribunal. Para los acusados, la noticia fue devastadora; para Gema, una de las personas acusadas, significó un golpe demoledor.
Gema ha pasado más de cinco años tras las rejas sin una sentencia que acredite su culpabilidad. Dos de esos años los ha vivido dentro de un juicio que ahora fue borrado de un plumazo.
Su caso es un ejemplo de otros juicios que han sido anulados por la misma causa. Un reflejo de un sistema que castiga primero y resuelve después, que priva de libertad sin pruebas firmes, y que convierte la presunción de inocencia en letra muerta.
La joven mujer no pudo contener el llanto al escuchar la resolución. Cuando fue trasladada nuevamente al reclusorio de mujeres, sufrió un ataque de ira y frustración que no podían contener tres mujeres de seguridad.
Gema pateó y gritó en el pasillo del juzgado y desahogó tanta impotencia y rabia por un Poder Judicial que no garantiza una justicia pronta y expedita.
Sabía que la posibilidad de recobrar su libertad se volvía aún más lejana, atrapada en un proceso judicial interminable que no avanza y que la mantiene como rehén de un crimen que no pasó.
El anuncio de la reposición del juicio no solo representa un trámite procesal: es una forma de violencia institucional contra personas privadas de su libertad que esperan una sentencia justa. La prolongación del encierro, la incertidumbre y la indiferencia del sistema son tan dolorosos como las rejas mismas.
En este escenario, la justicia en Morelos vuelve a mostrar su rostro más crudo: burocrático, lento y ajeno a la dignidad humana. Gema y las demás personas acusadas tendrán que enfrentarse de nuevo a un proceso desde el principio, mientras el Estado mantiene intacta su capacidad de condenar sin resolver.