El cuerpo de Roy José Martín León Guillén, una persona privada de la libertad que murió dentro del Centro Penitenciario de Atlacholoaya en octubre de 2024, fue identificado y entregado a las autoridades un año después, tras permanecer en la cámara frigorífica del Servicio Médico Forense sin que se esclarecieran las causas reales de su muerte.
El 29 de octubre de 2024, alrededor de las 22:30 horas, la Agencia de Investigación Criminal recibió el reporte de una persona interna sin vida al interior del penal de Atlacholoaya, Morelos.
Los agentes acudieron al área de Enfermería, donde el custodio de guardia, Gerardo González Carmona, informó que la persona fallecida había sido trasladada minutos antes por pérdida de conciencia.
El médico del penal, Jorge Ocampo Salgado, certificó la muerte a las 20:10 horas y asentó como causa del fallecimiento una “falla orgánica múltiple por infarto fulminante”.
Sin embargo, el Ministerio Público clasificó el caso como homicidio, ordenando la apertura de una investigación y solicitando diligencias a la Policía de Investigación adscrita al grupo de Xochitepec.
Pese a que el nombre completo de la persona privada de libertad, Roy José Martín León Guillén, de 32 años, se encontraba registrado desde el primer informe policial homologado, el cuerpo fue reportado como “desconocido” en las actuaciones de la Fiscalía.
El expediente fue turnado a la Fiscalía Especializada en Desaparición Forzada de Personas, y más tarde a la Unidad Operativa de Xochitepec, sin que se avanzara en las pruebas periciales básicas.
El caso permaneció en el archivo durante meses. No se realizaron estudios de necropsia, mecánica de lesiones, química forense, ni fotografía o criminalística de campo, de acuerdo con una tarjeta informativa fechada el 29 de octubre de 2025, firmada por la agente Fabiola Vázquez Valdín.
Fue hasta ese documento que la autoridad reconoció formalmente el nombre del occiso, dejando constancia de que la carpeta seguía activa bajo un nuevo número de investigación.
El hecho expone una grave omisión institucional: un cuerpo identificado desde el primer día fue tratado como desconocido y permaneció un año en refrigeración, sin que se esclareciera si la muerte de Roy José Martín fue natural o resultado de violencia dentro del penal.
El caso vuelve a poner bajo la lupa las condiciones de custodia y los protocolos de investigación en los centros penitenciarios de Morelos, donde la opacidad y la negligencia siguen cobrando vidas.