• Aunque la ley prohíbe que un juez provisional ocupe el cargo más de tres meses, en el Poder Judicial de Morelos hay juzgadores interinos que llevan más de un año en funciones. Detrás de este rezago legal se esconde un riesgo mayor: decisiones judiciales comprometidas y una estructura que favorece la discrecionalidad sobre el mérito.

El artículo 59 de la Ley Orgánica del Poder Judicial del Estado de Morelos es claro: “Los juzgados deberán contar con jueces definitivos y ningún interinato podrá ser mayor a tres meses”.

Pero en los hechos, esta norma ha sido ignorada sistemáticamente. Actualmente, hay jueces que permanecen como interinos desde hace más de un año, sin que exista un proceso transparente de selección o nombramiento definitivo.

Este vacío legal no es menor. De acuerdo con abogados penalistas consultados, los jueces provisionales se convierten en piezas vulnerables dentro del engranaje judicial, propensas a influencias externas, especialmente de magistrados que podrían presionar en la toma de decisiones.

En términos simples: un juez que depende de la voluntad de otro para conservar su puesto difícilmente es independiente.

En entrevista reciente, el actual presidente del Tribunal Superior de Justicia de Morelos, Juan Emilio Elizalde Figueroa, reconoció el problema:

“Lamentablemente, los tiempos se nos acotaron y esto dio como consecuencia la imposibilidad… porque no encontramos quién pudiera legitimar ese proceso de elección”, dijo en relación con su intención de concursar plazas judiciales.

Aunque afirma que se buscó evitar cualquier sospecha de favoritismo, el resultado fue la permanencia de interinatos prolongados que van en contra de la norma.

Mientras tanto, se siguen tomando decisiones que afectan vidas y libertades bajo la firma de jueces sin certidumbre en su nombramiento. La reciente toma de protesta de seis nuevos juzgadores —cuatro mujeres y dos hombres— puede parecer un avance, pero no resuelve el fondo del problema: un sistema judicial que sigue tolerando la excepción como norma.

La pregunta es incómoda, pero inevitable: ¿cómo confiar en un Poder Judicial que viola sus propias reglas?

En tanto no se implementen concursos abiertos, con órganos externos que garanticen su legitimidad y con jueces sometidos a evaluación constante, el sistema judicial de Morelos seguirá caminando sobre terreno frágil. La ley está escrita; falta aplicarla.